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Asia en el D´A 2014: Norte, Our Sunhi, Stray Dogs

07/05/2014

POSTERS_DA_web_grocParece que fue ayer cuando el extinto y añorado BAFF (Festival de Cine Asiático de Barcelona) daba paso al prometedor y rutilante D´A (Festival de Cine de Autor de Barcelona) y ya se cumplen, con ésta, cuatro ediciones. No sabemos si a los organizadores no les acaba de gustar mucho el cine asiático, o bien no consideran oportuno constituirse como ventana principal de las propuestas orientales más arriesgadas y personales, pero lo cierto es que tan sólo tres películas (una coreana, una coproducción franco-taiwanesa y una filipina) de las cerca de sesenta películas que se proyectan durante la semana que dura el certamen parecen de entrada poco bagaje para un público sediento de experiencias diferentes. No seré yo el que se queje de la programación, pues un año más gracias a los amigos de CineAsia y a los responsables del Festival puedo disfrutar de películas que difícilmente se estrenarán y por consiguiente llegarán al gran público. Este año entre otras excelencias, el protagonista de la retrospectiva del D’A 2014 ha sido el director quebequés Denis Côté, uno de los autores más personales del cine actual, con una obra que bascula entre el documental y la ficción, donde destacan títulos como Bestiarie, Curling o Les Etats Nórdiques. También destaca el ciclo titulado ‘Un impuls col.lectiu’ (un impulso colectivo) donde se proyectó lo mejor y más granado de la producción estatal más reciente, películas que apuestan por explicar historias de manera diferente, alejándose de doctrinas establecidas. Por último, también se pudieron ver algunas obras ya premiadas en distintos festivales, como las muy recomendables Shirley: Visions of Reality, Harmony Lessons, Metalhead o Stop the Pounding Heart.

Como siempre nos centraremos en las producciones asiáticas, focalizadas en esta ocasión en la figura de tres cineastas de amplio recorrido y experiencia en festivales (Lav Diaz, Hong Sang-soo y Tsai Ming-Liang) quienes presentan tres de sus últimas producciones:

Norte_08Norte (Lav Diaz)

No suelo ser un gran seguidor de las películas que duran más de dos horas. Supongo que debido a mi educación cinéfila estándar, o porque siempre he creído a pie juntillas aquella máxima de Baltasar Gracián que decía que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”, lo cierto es que suelo huir de todas aquellas propuestas que a priori se vayan a alargar en demasía. Lav Diaz, uno de los cineastas más representativos de lo que algunos han dado a llamar la Nueva Ola Filipina, se ve que no es de la misma opinión, pues sus propuestas se caracterizan por la extrema dilatación del metraje y en las tomas, que intentan atrapar la realidad social y política actual de su país. Suyas son la monumental Evolution of a Filipino Family, de “tan sólo” 540 minutos (2004) o Melancholia, de 450 (2008). A parte de constituir un auténtico atentado hacia la vejiga ajena, que por mucho ejercicio de concentración que se precie acaba por derivar en auténticas carreras hacia el lavabo más próximo en cuanto asoma el primer título de crédito final, en esta ocasión tan sólo se trataba de ver un film suyo que duraba cuatro horas: Norte, the End of Story. Aunque seguramente en la cabeza de este maestro del ensanche temporal esté la idea de que ha rodado algo así como un cortometraje, 250 minutos no son moco de pavo y el anuncio por parte de los organizadores del D’A de que se nos permitiría un receso de diez minutos fue recibido entre el respetable con muestras de júbilo y desahogo. De todas maneras, después de haber leído en alguna entrevista que le gusta rodar películas largas para dar por saco a los programadores de su país, hechizados por el influjo hollywoodiense que les ha llevado a obviar cualquier proyecto nacional en aras de mecerse en los brazos del blockbuster más alienante, ya me apetece un poco más eternizarme en la butaca, y el resultado final tras la proyección no es para nada el de aburrimiento, sino más bien lo contrario. Diaz traza de manera excelsa el recorrido de unos personajes a través de una coherencia estética sublime, y así todo lo que entra en el cuadro respira una verdad y una sinceridad absolutas. Norte es una película que está muy bien, con momentos muy acertados y otros que quizás prolonguen demasiado una idea que se podría haber concentrado en menos tiempo. Para quien no sea muy avezado en historia política filipina, este film supone una auténtica lección avanzada sobre la materia. Aprovechando que el dictador Ferdinand Marcos vivió en la zona donde se localiza la acción, se nos explica con todo lujo de detalles narrativos cómo a partir de su figura se extendió el fascismo por todo el país, convertido en la actualidad, según comenta en un par de ocasiones el protagonista, en una auténtica democracia de la corrupción. Fabián, el antihéroe de la función, piensa que hay que partir de cero y destruir todas las ideologías anteriores, aunque la forma en que lleve a cabo sus revolucionarias prácticas no sea precisamente la más correcta, y acabe metido en un follón bastante considerable; lío al que, sin comerlo ni beberlo, también se verá arrastrado un pobre hombre sin oficio ni beneficio que cargará con unas culpas inmerecidas.

La cámara se mueve en ocasiones con ritmo paulatino con el objetivo de ensalzar los momentos reflexivos de los personajes que aparecen en pantalla (ésta es una de las causas directas de lo prolijo del desarrollo argumental) intentando captar unos momentos de silencio que se mezclan de manera atinada con algunas largas y verborreicas conversaciones donde se discute sobre lo divino y lo humano. Si bien hay que achacar en el debe de la función el poco protagonismo que se le da a las mujeres para que opinen sobre los temas que se ponen sobre el tapete, y sean los hombres los únicos con derecho a dictar sentencias y reflexiones sobre los cambios que debería adoptar un sistema político y social tan podrido y denostado como el que impera en Filipinas, es digno de aplauso la manera en la que se nos muestra el alarmante inmovilismo en el que malvive una sociedad que no ha evolucionado en los últimos cuarenta años.

3-Our-sunhi_ampliacionOur Sunhi (Hong Sang-soo)

De Our Sunhi no voy a hablar mucho. Ya lo hicieron, y muy bien, mis compañeros de CineAsia quienes escribieron la reseña del film tras su proyección en el pasado Festival de Cine de Gijón y tras su aparición hace pocas fechas en DVD en su país de origen.

Entrar al cine para ver una peli de Hong Sang-soo es un poco como ir a tomar algo a tu bar preferido. Conocemos a la mayoría de clientes, recovecos del local y bebidas (aquí litros y litros de cerveza y soju) que nos van a servir para que nos sintamos lo más a gusto y reconfortados posible. Y si encima el visionado tiene lugar en el marco de un festival de cine como el D’A  donde las propuestas ampulosas y sesudas suelen ganar por goleada a las ligeras y livianas pues miel sobre hojuelas. Es curioso como te puedes encontrar películas de Hong Sang-soo en festivales tan dispares como Sitges (dedicado al cine de género fantástico y de terror), este mismo D’A o el Festival de Locarno (dedicados al cine de autor) o en otros más generales como el Festival de Cine de Londres o el de Dublín. ¿Nos hallamos pues ante un cineasta inclasificable que escapa a estereotipos y encasillamientos? No creo ni que el propio autor llegue a plantearse tales cuestiones, y tan solo se limita a repetir esquemas una y otra vez.  Su última propuesta nos suena a la anterior, y la anterior a la anterior, y así sucesivamente. Pero nos da igual, porque estaríamos viendo esa misma película con sus mínimas variaciones una y mil veces. Si algún espectador se acerca por primera vez a su cine costumbrista y engañosamente superficial seguro que se encuentra un tanto perdido. El director no se lo va a poner nada fácil, pero tranquilos, en cuanto se aprenden las reglas y se empieza a jugar con él a sus sugerentes puzzles argumentales, a buen seguro que pasarán un buen rato. Y mientras tanto él sigue depurando su estilo película tras película, intentando encontrar la esencia máxima de sus territorios comunes: esos hombres parcos en palabras y torpes emocionales  incapaces de exteriorizar sus sentimientos si no es por obra y gracia de una abundante ingesta de alcohol; esas mujeres enigmáticas y errantes que saben de su poder de atracción física para con los hombres y que buscan de manera tan afanosa como insegura encontrar su propia identidad; ese humor soterrado e irónico que chispea en el momento más inesperado; esos largos paseos por lugares emblemáticos de Seúl donde se respira tranquilidad y se puede llegar a mutar el espíritu; esa sobriedad en la puesta en escena implosionada por la fugacidad de un zoom… Our Sunhi no defrauda, y aunque quizás no se llegue a alcanzar el grado de excelencia de títulos como En otro país u Oki’s Movie el realizador se sigue mostrando muy en forma. Y que dure.

SONY DSCStray Dogs (Tsai Ming-Liang)

Pues si existe alguien que piense que Norte es lenta, comparada con Stray Dogs la consideraría eléctrica. El realizador malasio Tsai Ming-Liang no es de los que admiten medias tintas a la hora de valorar sus películas: o lo adoras o lo odias. He tenido la ocasión con ésta de asistir a tres pases de sus películas en tres festivales de cine diferentes, y en los tres se ha dado la circunstancia de que la platea se ha ido vaciando a cuentagotas. He de confesar que en una de las tres proyecciones yo también me uní al grupo de los, podríamos llamar “desertores”. En esta Stray Dogs que ahora comentamos aguanté estoicamente y los que pudimos llegar a la meta nos miramos con lágrimas en los ojos, sobre todo porque el “rush” final nos tenía reservado un plano estático de “tan solo” veinte minutos de duración donde no existía ni el más mínimo asidero posible. ¿Cine observacional? ¿Propuesta de movimiento inmersivo? ¿Proposición contemplativa extrema? Se le puede llamar de una y mil maneras, pero lo cierto es que a la cámara le cuesta moverse más que al bueno de Robert de Niro en su últimas películas. Si nos atenemos a la trama y posterior desarrollo argumental el hieratismo y la quietud están más que justificados. El primer acto nos muestra un día típico en la vida mísera de los protagonistas. El padre trabaja de hombre anuncio pasando más frío que cogiendo pingüinos mientras sus hijos gastan todo el día deambulando por un centro comercial. Al caer la noche, todos se refugian en un edificio de manera sigilosa para no ser vistos. Las secuencias parsimoniosas abusan de la atención del público. A fin de cuentas, ¿si nos mostramos incómodos por aguantar la imagen fija de un hombre trabajando, cómo se debe de sentir él, que tiene que echar en tan alienante curro más horas que un reloj? El director sacrifica el disfrute del espectador, pero es una carga necesaria para lograr momentos eventuales de comprensión. No hay prisa alguna por avanzar en la trama, pero es que el protagonista no tiene trama alguna por la que discurrir. Su vida es una auténtica hecatombe de miseria e indigencia, y ésta se muestra en pantalla con toda su crudeza y marcada aspereza. Otra cosa bien distinta es que uno esté dispuesto a dejarse seducir por una apuesta tan arriesgada, y ahí se topa con todos y cada uno de nuestros convencionalismos de arraigo europeo a la hora de ir al cine. El sopor se apodera de nuestro cuerpo y se suceden los bostezos sin forma posible de ponerle remedio. No hay escape para el espectador pasivo. Se me hace un poco complicado recomendar el visionado de esta película, porque se trata de auténtico ‘hardcore’ de cine puro. Liang nos viene a decir que el arte va más allá de la zona típica del entretenimiento. Sabido esto, cada cual que obre en consecuencia.

Por nuestro colaborador Francisco Nieto

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