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CANNES 2018: Una fiesta para los amantes del cine asiático

24/05/2018

Por José Luis Rebordinos

A pesar de las polémicas de este año alrededor del Festival de Cannes relacionadas con Netflix y la presencia (o no) del cine de EE.UU., me atrevería a decir que esta edición ha sido una de las mejores que he conocido (y son ya varias décadas las que llevo sin perderme este Festival). Y eso se ha notado también en la alta calidad de las películas asiáticas que hemos podido ver. Sirvan como ejemplo los nombres de algunos de sus directores: Jia Zhang-Ke, Lee Chang-dong, Hirokazu Kore-eda o Mamoru Hosoda, entre otros.

Sección Oficial a Concurso

Burning, de Lee Chang-dong es, desde mi punto de vista, una de las películas más importantes de este año. Basada libremente en un relato corto de Haruki Murakami, cuenta un triángulo amoroso entre Jongsu, un joven repartidor, Haemi, una joven que vivió en su mismo barrio, y Ben, un joven rico e inquietante. Y como telón de fondo la quema de invernaderos que está sucediendo en los lugares en los que transcurre la acción. Burning es una joya. Todo en ella es excelente: la música, las interpretaciones, la fotografía… Y es muchas cosas dentro de una. Es una historia de amistad narrada magistralmente, pero es también la radiografía de un carácter psicópata y una compleja historia sobre la lucha de clases…

Ash Is the Purest White, de Jia Zhang-Ke, es una coherente continuación de los anteriores trabajos de este realizador chino, uno de los más interesantes del cine contemporáneo. Fiel a sus personajes fuertes de mujeres, la protagonista de la película, encarnada por una maravillosa Zhao Tao, es una mujer que, en este caso, se mueve, por amor, en el mundo de las bandas criminales chinas (el cine de gansters chinos ha sido tradicionalmente monopolio de Hong Kong y no de la China continental). Por amor se ve inmersa en un tiroteo que la llevará a la cárcel. A su salida, seguiremos su historia   de amor/desamor durante dos décadas. Como en su cine anterior, el devenir de unos personajes concretos sirve al realizador para mostrar, como telón de fondo, la transformación de la sociedad china en las últimas décadas, la irrupción de un capitalismo salvaje que trae corrupción y, para muchos ciudadanos, situaciones de miseria económica y moral.

Shoplifters, de Hirokazu Kore-eda, ha sido una de las más importantes películas de la excelente selección de Cannes de este año. Y una de sus mejores películas, comparable a Nadie Sabe o Still Walking/Caminando. Una familia muy pobre, que sobrevive gracias a pequeños robos, va a “adoptar” a una pequeña a la que encuentran sola y desamparada. Pero un incidente desvelará los secretos de esta especial familia y cuáles son los lazos que unen a sus componentes. Narrada con la habitual maestría de este gran director, la película transmite una humanidad y una emoción muy hermosas, sin caer nunca en el sentimentalismo fácil. Kore-eda se confirma así, como uno de los cineastas más importantes del cine contemporáneo.

Netemo Sametemo (Asako I y II), es la nueva película de Ryusuke Hamaguchi, que en 2008 presentó en el Festival de San Sebastián su primera película, Passion. Es un drama romántico que cuenta una historia con tintes fantásticos: un día, el primer amor de la joven Asako desaparece; dos años después encuentra a un joven que es exactamente igual a su novio desaparecido. Aunque la película pueda parecer un poco simple, es una deliciosa reflexión sobre la memoria y sobre lo que supone la pérdida de un ser amado y confirma al realizador japonés como un joven talento a tener en cuenta en el futuro.

En la sección ‘Un Certain Regard’…

Long Day’s Journey into the Night, de Bi Gan, ha sido una de las películas de las que más se ha hablado en Cannes este año. Segunda película del director de Kaili Blues, es una apuesta formal y estética muy arriesgada. Este “largo” viaje necesita de la paciencia del espectador, que se va a encontrar en su interior un larguísimo travelling en 3D. Viaje emocional, romántico, que pertenece al mundo real, pero también al mundo de los sueños y de la memoria, el viaje de Luo Hongwu, un hombre que busca a la mujer que un día amó y que nunca pudo olvidar, es un viaje extraordinario que no decepcionará al espectador que sea capaz de entrar en el juego que Bi Gan plantea, un juego lleno de belleza formal y contado con una técnica cinematográfica extraordinaria.

En las proyecciones de ‘Media Noche’…

Gongjak (The Spy Gone North), de Yoon Jong-bin, es la habitual presencia en Cannes de cine coreano de género de calidad, normalmente programado en alguna de las sesiones de medianoche. En este caso es un thriller de espías, con un militar reclutado por los servicios secretos de su país, Corea del Sur, e infiltrado en Corea del Norte en medio de una creciente carrera nuclear y de maniobras políticas nada claras. Bien realizado, con una muy buena producción, se ve con agrado, aunque se parece mucho a otras muchas películas coreanas de temáticas similares.

Proyecciones Especiales

Dead Souls, de Wang Bing, es una mastodóntica película de 8 horas y 16 minutos, duración nada sorprendente en la obra de este interesante realizador. En este caso Wang Bing da la palabra a los supervivientes de los campos de concentración (“reeducación”) en los que el Partido Comunista exterminó a los que llamaban “ultraderechistas” hace más de sesenta años. Considerada por algún crítico como la Shoah contemporánea, es un documento riguroso, un pedazo de historia importante, aunque su duración la hace de difícil consumo en proyecciones generalistas.

10 Years Thailand es una película ómnibus, dirigida por cuatro realizadores nacidos en Bangkok: Aditya Assarat, Wisit Sasanatieng, Chulayarnon Sriphol y Apichatpong Weerasethakul. Los cuatro se imaginan su país dentro de diez años, un país gobernado por una dictadura militar y con un nacionalismo cada vez más fuerte. El producto final es una película irregular, pero no exenta de interés.

En la ‘Quincena de los Realizadores’…

Mirai, de Mamoru Hosoda, en su proyección oficial, fue recibida por el público puesto en pie, con más de diez minutos de aplausos. Esta película ha sido producida por el estudio Chizu. Hosoda fundó con Yuichiro Saito el estudio Chizu justo antes de realizar Wolf Children. Saito ha declarado en Cannes que su Estudio es, probablemente, el estudio de animación más pequeño de Japón, pero que les sirve para que Hosoda pueda contar sus historias y para poder negociar con libertad la manera en que sus producciones puedan ser mostradas en el mundo entero. En 2015 Hosoda dirigió El niño y la bestia, que supuso un hito en el Festival de San Sebastián, ya que fue la primera vez que competía en su Sección Oficial una película de animación. Mirai, su nuevo trabajo, es una delicia. Cuenta la historia de Kun y Mirai, dos pequeños hermanos. Mirai acaba de nacer y acapara todas las atenciones de sus padres. Kun necesitará un tiempo para aceptar la llegada de su nueva hermanita y para compartir el mundo con ella. Divertida y tierna, Mirai es un hermoso espejo en el que pueden mirarse con alegría muchas familias. En sus últimos veinte increíbles minutos es una joya de la animación, en la que mezcla técnicas diferentes y en la que la fantasía se apodera de la pantalla para ofrecer al espectador un emocionante canto a la vida.

The Pluto Moment, de Ming Zhang, es una película pequeña, sencilla, pero con cierta magia, que cuenta la historia de un director de cine que marcha a las montañas en busca de inspiración. Aunque no ha dejado una gran huella en esta exitosa edición de Cannes, no deja de ser un título que tenía más que ganado un espacio en la selección de la Quincena.

 

 

 

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