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Entrevista a Hasan Hadi, director de ‘La tarta del presidente’

16/02/2026

Con motivo del estreno de la película iraquí ganadora de la Cámara de Oro a la Mejor Opera Prima del pasado Festival de Cannes, La tarta del presidente, tuvimos la oportunidad de charlar con su director Hasan Hadi la semana pasada. He aquí algunas de las cosas que nos contó.

CineAsia: Una docena de premios en diversos festivales alrededor del mundo, incluida la Cámara de Oro en Cannes… Esto se puede leer o bien como una bendición o como una maldición, por la presión que supone para usted y su segunda película, ¿no lo ve así?

Hasan Hadi: Para ser honesto realmente aún no sé cuál de las dos es, dependerá de mi siguiente proyecto y cómo vaya todo. Porque por ahora es una bendición, es un honor tener una película que se haya reconocido de esta manera con tantos premios. Pero también está el hecho de que esto impone mucha presión para mi próximo proyecto, de las expectativas que tienen puestas en mí… Pero intento ir paso a paso, al final del día, haces lo que haces bajo tus propias expectativas no por las de los demás, porque al final es tu pasión, es tu corazón lo que pones ahí, y solo tienes que enforcarte en eso.

CineAsia: Y la presión también respecto a lo que dicen muchas críticas y reportajes sobre que usted está llevando algo así como un nuevo comienzo en el cine iraquí, la punta de lanza para revivir la industria del cine en Irak….

Hasan Hadi: ¿En serio? ¡Guau! Eso es mucha más presión… pero también es un gran honor, no sabía que se estaba hablando de eso. Pero, y no estoy tratando de ser falsamente humilde, al final quiero tratar de focalizarme en lo mío, y no dejar que esa presión se me meta debajo de la piel y que me agote mental y físicamente. Porque si algo he aprendido de este viaje con la película es que si estás haciendo esto es porque realmente lo amas. Al final lo de ganar premios está muy bien, pero después… ¿y ahora qué? Por eso para mí es muy importante proteger ese amor, esa pasión, ese interés por hacer cine.

CineAsia: Esto tiene que ver mucho con lo que usted ha dicho en alguna entrevista: “que el proceso de realizar la película le ha clarificado su misión como realizador y su visión sobre dirigir películas”… ¿Es verdad? Y ¿en qué sentido?

Hasan Hadi: Sí, es cierto… Porque todo el proceso es tan problemático, sufres mucho cuando estás haciendo la película… y lo único que hace que sigas en ello es tu amor por esa historia, es tu pasión por querer contarla, es tu cuidado por los personajes… A parte de todo esto, realmente no tienes necesidad de hacerla. Es decir, no tienes a nadie apuntándote con una pistola y diciéndote que tienes que hacer el film sí o sí. Así que lo único que te hace hacerlo es porque tú quieres, porque quieres contar esa historia y quieres compartirla y no sabes cómo va a reaccionar la gente cuando la vea, de ahí que te tomes tan personalmente el éxito o el fracaso. Así que lo que he aprendido es que el viaje es tan duro y tan largo que hacerlo solo por cuestiones de fama o dinero no tiene sentido para mí.

CineAsia: Aconsejan que, para hacer una primera película, mejor no trabajar con niños, ni con animales y no hacer una película histórica… y usted lo tiene todo: niña protagonista que además va arriba y abajo con su gallo, historia ubicada en los 90s… ¿No ha arriesgado demasiado?

Hasan Hadi: Ya, entiendo lo que dices… Sé que hay ciertas reglas, pero realmente, ¿quién dicta estas reglas? ¿quién dice que no podemos tener o hacer esto o aquello? Lo entiendo, porque es más difícil, es más duro y hace que tu vida sea una locura, pero al final, las reglas que se han de aplicar son aquellas que son válidas para la historia que quieres contar, porque cada historia tiene reglas distintas. Hay films que necesitan actores profesionales y otras historias no los necesitan y se beneficiarán de ello. Así que para mí esas son las reglas, la historia del film define cuáles son las reglas, y yo creí firmemente que mi historia necesitaba actores no profesionales. Además, ¿qué posibilidad tenía de encontrar niños-actores en Irak? Ninguna… O sea que todas las decisiones que tomé eran por el bien de la historia, no porque quisiera complicarme la vida… ja, ja, ja…

CA:  En muchos momentos su película me ha recordado, tanto por la ubicación de la historia en ese momento como por la cinematografía utilizada, a películas como El globo blanco o Dónde está la casa de mi amigo de directores de la Nueva Ola de cine iraní, así como también ciertos momentos me llevaban a ciertas películas de directores como Hou Hsiao-hsien o Edward Yang… ¿qué opina?

HH: ¡Uf, demasiada presión! Pero sí, en cierto modo, hay una serie de directores que me han influenciado… Kiarostami por ejemplo me ha influido, pero no solo a mí, sino a un montón de directores sobre cómo de una simple premisa, hacer un viaje mucho más profundo. También hay un homenaje en la película con mi globo rojo al mediometraje francés El globo rojo del año 1956, toda una lección de cine de cómo convertir un globo en un personaje más. Y después pues he tenido otras influencias como el neorrealismo italiano, e incluso el realismo mágico español de Víctor Erice o de Carlos Saura… El hecho de coger una dictadura y convertirla en otra cosa… La idea de luchar contra la censura de una forma poética. Y obvio que he recibido todas estas influencias, pero como director, al final, tú haces tu propia película.

CA: ¿Se ha estrenado ya su película en Irak? ¿Cómo ha ido?

HH: Se estrenó el pasado mes de agosto, un estreno limitado, pero estamos intentando que vuelva a reestrenarse en marzo. Y la respuesta fue muy buena para nosotros, y queremos que vaya más allá y que la vea más gente y de ahí que estamos viendo cómo volver a proyectarla en cines más locales.

CA: Hablando de cines… Hay una escena en la película que justo casi entramos en un cine, en un Cine X además, justo el tipo de películas de la época, como ocurría en muchos países con dictaduras… ¿lo ha hecho así conscientemente?

HH: Sí, en parte sí, pero también es porque en aquel momento, después de tantas restricciones y bloqueos internacionales, muchos cines tuvieron que cerrar y los únicos que quedaban en pie son estos cines que proyectaban porno blando (y a los que yo no tenía acceso obviamente por la edad), que han sido los que se mantuvieron durante los siguientes 20 años… Es por eso que el cine en cierto modo se asociaba con algo malo, como algo negativo, y es lo que significaba para nosotros de niños.

CA: Y hablando de niños, ¿cómo fue su trabajo con los niños; les daba los diálogos o les daba opción a improvisar?

HH: Con ellos fue más mostrarles el camino emocional de los personajes en tal o cual escena primero y luego ellos memorizaban los diálogos… Los llevaba al set de rodaje, hablaba en primer lugar con ellos, trabajábamos los diálogos para que los trataran de memorizar, pero también les dejaba espacio para que ellos improvisaran, porque quería que estuvieran relajados en la escena, no quería que se sintieran como si estuvieran en un examen y todo tuvieran que hacerlo bien. Además, lo importante era su presencia en la escena más que las líneas de diálogo: si se olvidaban alguna línea, pero sus miradas o acciones ya tenían suficiente fuerza, eso quizás era mejor que recitar unos diálogos.

CA: Hemos hablado de los niños, que fue una búsqueda intensa por escuelas, calles, etc hasta encontrarlos… pero ¿qué me dice de Bibi, la actriz que hace de abuela de Lamia y que tampoco es una profesional? Esa cara impresiona, parece llevar a sus hombros el peso del mundo…

HH: Sí, de hecho, ella representa las marismas (situadas en el sur de Irak; yo crecí muy cerca de ellas) donde viven ella y Lamia… Es algo que va a desaparecer, que está en constante lucha… Se ve en su piel, con lo que era perfecta para el papel. La encontramos a través de un amigo que nos envió una foto.

CA: Para finalizar me gustaría hablar de la fotografía de la película que me parece una auténtica maravilla. ¿Cómo encuentra y logra trabajar con el director de fotografía rumano Tudor Vladimir?

HH: Me habían gustado siempre sus tonos y su fotografía y me había enterado de cómo trabajaba, cómo rodaba a pesar de la simplicidad de la cinematografía rumana. Siempre había algo atractivo en su fotografía, así que hablé con él, le expliqué sobre la historia que quería contar e inmediatamente me di cuenta de que él entendía perfectamente lo que queríamos conseguir. Además, él también viene de un país donde han tenido un pasado de dictaduras, con lo que fue más fácil hacerle ver lo que queríamos. Fue una decisión casi inmediata.

CA: Y ya termino con esto: creo que en su película no solo ha querido retratar un momento concreto en Irak o la historia del Lamia, sino que tengo la sensación de que hay una velada crítica a la comunidad internacional por su silencio, por su “no hacer nada”… La escena final, ¡guau!, esas miradas que dicen, “estamos solos”…

HH: Sí, sí, tal cual, es un momento de soledad, de decir “fuimos abandonados”. Cuando haces una película, no solo es porque tienes una serie de recuerdos, sino también porque también tienes preguntas, y para mí la pregunta fue: ¿por qué ese silencio? Y no solo por parte de amigos o vecinos, sino también por parte de la comunidad internacional… La escena en la que Lamia sale de la mezquita y mira hacia el jet, el avión, está realmente mirando hacia el público; bajo mi punto de vista, está rompiendo la 4ª pared esperando que esa audiencia alce sus voces. Para mí el “silencio” es como si fuera el mismísimo “mal” o el “demonio”. En situaciones así, el silencio de la humanidad hiere mucho más.

CA: Y creo que por mucho que pase el tiempo, no hemos aprendido la lección, y me estoy acordando de Ucrania, de Gaza… En fin… Muchas gracias por su tiempo y le deseamos toda la suerte del mundo con La tarda del presidente. ¡Felicidades de nuevo!

Entrevista de Gloria Fernández (CineAsia)

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