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Festival Cine Aasia Helsinki (Finlandia) 2014

13/04/2014

cine-aasia-2014-juliste_pressSeleccionar las películas que se quieren ver en un festival es una tarea que, aunque aparentemente sencilla, esconde muchos más problemas de los que uno puede llegar a pensar. En el caso de la segunda edición del Festival Helsinki Cine Aasia, celebrado entre el 13 y el 16 del mes de marzo, en cuatro pantallas distintas, había dos títulos que me llamaron poderosamente la atención nada más leer el programa. Uno de ellos es Golden Gate Girls, documental de la directora china Louisa Wei, dedicado a la cineasta sino-americana Ester Eng. Para mí, como para la mayoría de quienes disfrutamos con el Séptimo Arte, la historia de esta adelantada cineasta que destacó durante los años treinta y cuarenta del pasado siglo XX como directora en un medio mayoritariamente masculino, no deja de ser un tema absolutamente apasionante. Además, la personalidad de Ester Eng, lesbiana confesa en medio de los convulsos años treinta y cuarenta, lastrados, primero, por la Gran Depresión y, luego, por el estadillo de la Segunda Guerra Mundial, contienda que marcó profundamente al pueblo chino, sobresalió por encima de muchos de sus colegas de profesión, los cuales nada tenían que demostrar por el mero hecho de ser hombres. La virtud del documental de Louisa Wei reside, no solo en la arqueológica recolección de buena parte de las películas rodadas por Ester Eng, sino por su capacidad de presentarnos a quienes, hoy en día, todavía recuerdan a la directora, guionista y empresaria de éxito.

a_short_peace_film_alapjan_keszit_2ds_platformert_suda51_1La segunda de las proyecciones que rápidamente marqué en mi lista fue Short Peace, una antología de cuatro historias, la cual supone el regreso de Katsuhiro Otomo a la gran pantalla. Otomo es responsable de Combustible, una historia de amor, pasión y fuego, tan radical, pero hermosa como se pudiera esperar del genio que dirigió Akira o Steamboy. Las otras tres historias son Possessions, Gambo y Buki Yo Saraba. La primera es una historia de fantasmas, en medio de una noche de tormenta y con un derroche visual, digno del mismísimo Miyazaki. Gambo nos presenta un demonio que asola un pequeño pueblo en medio del Japón del siglo XIX. Extrema, sangrienta y radical, es también el ancestral enfrentamiento entre el bien y el mal. Buki Yo Saraba es la clásica narración distópica, en donde el hombre se enfrenta a una máquina sin sentimientos, tratando de salvar un futuro que hace tiempo que perdió la esperanza.

Jian shi liu baiyuan (2012)Después de estas dos le tocó el turno a la cinta china Judge Archer, dirigida por Haofeng Xu (guionista de The Grandmaster), un wuxia que va más allá de la clásica película de artes marciales para mostrarnos el fin de una era y el comienzo de una nueva. En este caso, viene a ser el final del concepto de lucha como una filosofía, no como un medio para solucionar un problema, concepto que desapareció cuando las armas de fuego hicieron su aparición. A partir de ese momento, los conflictos dejaron de solucionarse entre personas y fueron las máquinas, o las herramientas, portadas por los hombres, las que tomaron las riendas de los enfrentamientos. Película tremendamente crepuscular, a ratos inconexa, pero que en ningún momento pierde ese halo de nostalgia que persigue toda narración que cuenta el inexorable paso del tiempo.

En el caso de Ilo Ilo, película de Singapur rodada por el director Anthony Chen premiado en el Festival de Cannes con la Cámara de Oro al mejor debut, me interesó ver los efectos de otra crisis; es decir, la que sacudió buena parte del mundo, y especialmente al mundo asiático, a finales de los años noventa, y cómo ésta afectó a la vida normal de una familia de clase media-alta. Sin embargo, Chen no solo plasma los efectos de dicha crisis, sino la disfuncionalidad de muchas familias que, si son capaces de permanecer unidos, es porque se ven poco, ya que de otra forma estarían todo el día a la greña. Quien ejercerá de espejo para los miembros de esta disfuncional familia, compuesta por un padre ausente, una madre controladora y un hijo descontrolado, será una sirvienta filipina, la cual terminará por ganarse el respeto de personas que, hasta ese momento, ni tan siquiera se respetaban a sí mismas.

library wars live action posterDejo para el final la gran sorpresa de este Festival, no solo para mí, sino para los propios programadores que cometieron el enorme error de no saber dónde proyectar la película de la que voy a hablar ahora. Si se hubiese estrenado hace treinta años, Library Wars (Shinsuke Sato, 2013) no dejaría de ser una de esas muchas películas distópicas que hubieran llenado las sesiones de los domingos en cualquier parte del mundo. Sin embargo, la distopía que plantea Library Wars, lejos de ser un delirio del creador de los libros originales, se está empezando a convertir en una triste realidad, sobre todo en países como el nuestro, donde muchos se están empeñando en acabar con cualquier propuesta cultural que se les ponga a tiro. Library Wars, dirigida por el realizador de las dos partes de Gantz o La isla de los recuerdos y el espejo mágico, se centra en el Cuerpo de Autodefensa de las bibliotecas, una institución marcial, creada para evitar que las leyes anticulturales y que promueven la censura del gobierno, acaben con los derechos de las personas a no solo leer lo que quieran, sino a pensar lo que gusten. Además, en Library Wars hay una suerte de cuento de hadas entre una joven estudiante y un miembro del Cuerpo de Autodefensa, una sub-trama que se entremezclará con el tema principal de la película, que no deja de ser otro que el del libre-pensamiento contra el totalitarismo. Son dos horas absolutamente apasionantes, bien contadas y mejor filmadas, que logran mantenerte en tensión desde el primer minuto.

Con tales señas de identidad, sigo sin entender por qué en vez de proyectar la película en la acogedora, pero diminuta, sala Dubrovnik, Library Wars no disfrutó de una pantalla más acorde, tal y como lo es Bio Rex. Sea como fuere, esta segunda edición del Cine Aasia demuestra que el cine llegado desde tan lejanos parajes tiene cabida en el apretado calendario de festivales cinematográficos finlandeses y es deseable que su impronta vaya aumentando a lo largo de los próximos años. Tan solo el tiempo lo dirá.

Por Eduardo Serradilla (desde Finlandia)

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