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Hablamos con Álvaro Longoria, director de The Propaganda Game

04/11/2015

ThePropagandaGame_Fotopelícula_7712En la sección Zabaltegi del pasado Festival Internacional de Cine de San Sebastián tuvimos la oportunidad de ver el documental The Propaganda Game, dirigido por Álvaro Longoria. Un documental que nos abre los ojos a la realidad que se vive en Corea del Norte, de la que tan solo tenemos puntual información en los informativos (casi siempre ante un crecimiento de hostilidades entre Corea del Norte con su vecina Corea del Sur). Tras el pase de la película tuvimos la oportunidad de conversar con Álvaro Longoria acerca de los motivos que le había llevado a dirigir este proyecto.

CineAsia: ¿Por qué Corea del Norte? ¿De dónde nace el interés?

Álvaro Longoria: Creo que es un país que crea una fascinación en todos, de hecho mucha gente me dice que es casi como un icono pop. Todos mis documentales siempre han tenido un ángulo político, mis trabajos con Oliver Stone iban un poco en esa línea. En su día intenté entrevistar a Kim Jong-il como todos los periodistas del mundo han intentado entrevistar a los líderes norcoreanos. Alejandro Cao de Benós (mi introductor en el país) me comenta que hay una lista de 3.000 peticiones para entrevistar a Kim Jong-un. A mí me parece muy interesante: me interesan mucho los países con sistema comunista, porque desprenden una mirada hacia la historia. Es como si pudieras dar un vistazo al Imperio Romano o al sistema de la Grecia clásica. Me gusta la historia y creo que Corea del Norte es historia, no el futuro, es la historia. Es apasionante que exista un reducto del pasado que siga funcionando: como si tuviéramos un dinosaurio en un zoo, iríamos a verlo sin dudarlo.

ThePropagandaGame_Fotopelícula_7740CA: En tus anteriores trabajos ya habías tratado algunos temas conflictivos como el del pueblo saharaui, ¿entiendes el documental como una vía de reivindicación?

AL: No necesariamente. La clave de un documental es que tenga un punto de vista: puede ser una reivindicación o llevar a la gente a pensar sobre un tema, que es lo que he intentado, que la gente utilice la cabeza. Tengo la sensación de que cada día nos adormecemos más y nos acostumbramos a que nos den las ideas con cucharillas, que es justo lo que hace la propaganda. Lo que le digo al espectador es: yo no te voy a dar las soluciones, sé que las quieres pero no te las voy a dar, las tienes que pensar tú. Pensar cuesta, pero es necesario. ¿Por qué puede generar frustración esta película? Porque estoy obligando a pensar, algo que cada vez cuesta más. Al final, como ciudadanos, nos convertimos en robots.

CA: En eso creo que aciertas desde el inicio. The Propaganda Game me atrapó desde que escuchamos la canción “Arirang” de fondo, y también porque es la primera vez donde no hay un culpable o villano. Planteas hasta qué punto interesa en Occidente mantener ese reducto, ese equilibrio de fuerzas…

AL: Es mi apuesta como director. Mi apuesta es no hacer propaganda, a pesar de estar hablando sobre la propaganda. Si yo hubiera dicho al final “y esto es lo que pienso”, sí que manipularía al espectador a pensar lo que yo quiero que piense, pero como decía, lo que quiero es obligar al espectador a que piense por sí mismo: que se forme una opinión propia. Yo les doy las dos versiones. ¿Por qué debería de saber yo quién es bueno y quién es malo? Lo contrario sería la propaganda, es cuando te lo dan masticado. He hecho un esfuerzo para no triturar la información y dársela ya digerida al espectador. Y lo que está claro es que Corea del Norte existe también porque interesa que exista, no es que estén como se dice totalmente cerrados al mundo, ahí hay una frontera con China de la que entra y sale de todo.

ThePropagandaGame_Fotodirector_7711CA: Una de las cosas que planteas en el documental es precisamente, de dónde sale el dinero. ¿Cómo funciona su economía?

AL: No lo sé, ojalá lo supiera, pero lo que sí que tengo muy claro es que hay mucho dinero y no viene de cultivar arroz en los campos de las granjas cooperativas. Creo que sí, que es verdad que el dinero viene de alguna manera de China, es la única via de entrada, pero después de hablar con empresarios europeos que hacen negocio en Corea del Norte, me quedo con su razonamiento: no quieren mostrar su visión del asunto. No es verdad que sea un país tan hermético: hay una frontera abierta de la que entra y sale lo que el gobierno de uno y otro lado quieren. Para los chinos diría que es muy fácil entrar, aquello parece una autopista, por allí entran los ordenadores y demás… Me han explicado tantas teorías sobre la procedencia del dinero… desde servicios de información de varios países, algunos coreanos…

CA: Me ha parecido intuir que la persona de Alejandro Cao de Benós ha sido vital para el proyecto. Quizás hubiera sido interesante seguir la vida de este personaje, conocer cómo ha llegado hasta allí. El acercamiento que haces a sus padres es la primera vez que se ve. ¿Hasta qué punto te acercaste al proyecto siguiéndole a él y hasta qué punto es imposible hablar de Corea del Norte sin hablar de él?

AL: Al principio de conocer a Alejandro me produjo una gran fascinación: era un personaje muy interesante. Pero la clave para un personaje es que tenga evolución. Si no hay evolución no hay interés, y Alejandro no evoluciona. Hace dos años que le conozco y no ha cambiado su discurso ni una coma: es un tipo sólido, como un robot propagandístico, está muy bien entrenado. He mantenido horas y horas de conversaciones con él y nunca le he visto bajar la guardia, es lo más impresionante de él, es inquebrantable. Creo que lo que piensa, lo piensa de verdad, porque si no flaquearía, no dedicaría su vida a esto. La definición de Georgina es muy buena, él actúa como Superman, viste como Superman, pero no es Superman.

CA: Al principio tu documental iba a llamarse “El sueño coreano”. ¿Cómo se dio el cambio hasta “The Propaganda Game”?

AL: Enseguida me di cuenta de que no iba a encontrar la verdad tal como me proponía, difícilmente podría mostrar el sueño coreano como una utopía comunista. Tuve que virar el ángulo, por lo que potencié la idea de la propaganda. Al final me parece el juego más interesante. Mucha gente del equipo me decía, como mi montador, que había dos cosas que se podían quitar: una era la parte de la economía, que obliga a profundizar un poco más, y luego toda la parte sobre China que es como una divergencia, pero en la cual se cuece todo. Corea del Norte no deja de ser algo parecido a lo que era China hace 20 años.

CA: Falta quizás la opinión de alguien de Corea del Sur…

AL: Lo intenté, pero todos muy educadamente se negaron. Les daba miedo que fueran a ser manipulados… y hubiera estado genial, pero había que ir al grano, aunque si hubiera hablado también de eso, hubiera sido una cosa lógica. Hablé con la embajada y me ayudaron con material, pero ahí se quedó todo.

CA: Al final de todo, ¿con qué te quedas?

AL: Me quedo muy preocupado con que sean los periodistas a los que les llama la atención que no dicte cátedra con el documental. He acabado haciendo casi más un ejercicio periodístico que los propios periodistas que me piden una postura más tajante. En fin…

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