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In Memoriam: Ken Takakura (1931-2014)

21/11/2014

Se nos ha ido todo un caballero, no tanto por haber trabajado en un género con el que se le vino identificando desde los tempranos años 60, es decir, el ninkyo eiga (el cine de caballerías contemporáneo; de los yakuza enamorados), sino por su talante y su saber estar. Y eso a pesar de la imagen algo deformada que se tenía de él como consecuencia de su rostro rudo, agreste. Esa distorsión también se podía extraer de su carácter (la misma consideración se podía aplicar a otros rostros del cine japonés de su misma generación, tales como Toshirô Mifune o Tatsuya Nakadai). Y es que a pesar de su afabilidad, a Ken Takakura se le consideraba un hombre de pocas palabras: aseveración por otra parte discutible ya que sus roles le impulsaban a ello (dicha apreciación se dio especialmente cuando se puso a las órdenes de los cineastas norteamericanos Sidney Pollack y Ridley Scott, como resultado de la falta de soltura con el inglés).

yakusa-1975-02-gNacido en 1931 en la pequeña ciudad de Nakama (prefectura de Fukuoka) bajo el nombre de Gôichi Oda, vivió la dura posguerra durante su adolescencia y su precoz juventud la pasó deambulando por esos callejones poco salubres y por esos almacenes medio derruidos en los que maleantes y otros rufianes hacían sus timbas. En definitiva, experimentó en sus propias carnes la dureza de los vencidos, sufragada por ese espíritu imperturbable de muchos nipones que se refugiaban en el mercado negro para poder salir adelante. Ese ambiente marginal del que se empapó durante una larga década sería abordado en pantalla grande a través de sus excelsos roles del yakuza con dilemas morales, debatiéndose entre el giri y el ninjo (ese concepto dual en el que se enfrentan las responsabilidades del grupo con los sentimientos y decisiones personales).

Abashiri-Prison-webDespués de graduarse en la prestigiosa Universidad Meiji de Tokio, asistió a una audición que ofertó la compañía Toei en 1955. No obstante, el puesto inicialmente era para un cargo directivo. Un año más tarde, fruto del azar, intervino en Denkô Karate Uchi, de Fujio Tsuda, como actor. Es probable que convenciera a los dirigentes del estudio ya que, gracias a las experiencias vividas en su hogar natal de Kyûshû, le permitieron desarrollar el papel de ese macarra consternado por la decadente situación social en la que se vieron sumidos millones de jóvenes en la posguerra. Takakura se convierte, pues, en una joven promesa de la Toei. Uno de los directores afiliados a la misma que queda prendado de él fue Teruo Ishii, por lo que decide ofrecerle el rol principal del primer opus de Abashiri Bangaichi (Abashiri Prison): una macro saga que sirvió para que su caché y su fama creciera, alentada por su unión matrimonial con la cantante de pop Chiemi Eri. Su esposa le anima, además, para que también pruebe suerte en el mundo del pop de la época y así fue: sus éxitos moderados, unidos a su galantería en pantalla, hacen que se convierta en un idol, a similitud de otros actores muy en boga en esos momentos (como Akira Kobayashi) que combinaban el cine con la música.

Lady_Yakuza_L_HeritiereSu carrera avanzó imparable entre tonadillas de enka y kayôkyoku; ese yakuza romántico conquistaba a las muchachas de la época, por lo que se puede afirmar que fue uno de los actores responsables de conseguir que las mujeres acudieran al cine a ver un tipo de producciones únicamente destinadas, a priori, a las audiencias masculinas: mientras que Kinji Fukasaku (con el que trabajó en más de una ocasión) estaba inmerso en sus violentas odas de gánsteres anárquicos, basados presuntamente en hechos verídicos ocurridos después de la Segunda Guerra Mundial, Takakura encarnaba la antítesis de ese yakuza que sólo miraba por los intereses del gumi (el clan); él se ponía de parte de la plebe y combatía a corruptos mandatarios. Prueba de ello son las longevas sagas Shôwa Zankyô-den (Remnants of Chivalry in the Showa Era) y Hibotan Bakuto (Lady Yakuza), esta última haciendo tándem con la diva Junko Fuji (máxima protagonista de esta serie fílmica en que la mujer era la heroína y no se convertía en el simple deseo carnal del hombre). Con Masahiro Makino se puso al frente de otra saga de rufianes embaucadores: Nihon Kyokaku-den, situada en el Tokio de finales del siglo XIX, en plena era Meiji.

yakusa-1975-01-g1A mediados de los años 70 se libera de su compromiso con la Toei, que lo estaba encasillando en exceso en el género ninkyo, y con ello prueba de construir otro tipo de personajes, aunque la remembranza por esos papeles que brindaba de forma tan natural provocó que otros estudios quisieran que siguiera explorando esa vena del héroe taciturno y estoico con respecto a sus sentimientos. La imagen del forajido enamorado nunca se la podría quitar de encima. Y de hecho, esa imagen se volvió a catalizar cuando los hermanos Schrader, enamorados (especialmente Paul) de ciertas formas litúrgicas (por aquel entonces aún desconocidas por la mayoría de occidentales) de la cultura japonesa, lo encumbran a la fama internacional en The Yakuza (1975). Sydney Pollack se encargó de dirigirla. Más allá de sus valores estéticos y de su renovada narrativa, este thriller fue fundamental en la historia del cine porque su guión se alejaba de la supremacía que siempre habían mostrado los yanquis hacia el pueblo nipón y  tendió puentes de amistad (y curiosidad) entre Occidente y Oriente, a pesar de que otras cintas afables ya lo habían intentado con poco acierto (como Escapada en Japón, de 1957, rodada por Arthur Lubin). Además, ofrecía un duelo de titanes, un duelo entre un Robert Mitchum que también ostentaba la etiqueta de actor rudo y un Takakura algo amansado que defendía a los suyos pero también los criticaba. La película fue mal recibida en un primer momento por la incomprensión y las diferencias culturales, pues un intelectual como es Paul Schrader intentó plasmar (junto con Robert Towne) en el guión los conceptos del wabi-sabi (esa sensación zen, de cierta espiritualidad, que se encuentra en muchos aspectos de la sociedad nipona, a pesar de las imperfecciones, con el objetivo de encontrar un equilibrio y la belleza en ellas; el mostrar sin enseñar) y el mono no aware (asociado a las artes niponas en general, vendría a definir la compasión y el sentir humano hacia la liturgia que se esconde en ellas, especialmente en la literatura y la pintura).

El pañueñlo amarillo de la felicidadCon Yôji Yamada realizó El pañuelo amarillo de la felicidad (1977), por la que la Academia Japonesa le otorgó el premio como mejor actor de ese año, y Llanto de primavera (1980). En ambas la estela del hombre solitario, atormentado por un pasado no revelado y escondido, volvía a repetirse y las señas de identidad del Takakura de los años dorados se manifestaban una vez más, encarnando a dos tipos duros que, a pesar de su fragilidad emocional, no mostraban ni un resquicio de sus sentimientos ante los demás.

Paulatinamente fue bajando el ritmo de rodajes en los siguientes años, aunque el que mayor beneficio le reportó fue Black Rain (1989), más que nada porque esta memorable cinta de acción fue rodada por Ridley Scott y fue un éxito de taquilla, en parte porque estaba respaldada en su reparto por Andy Garcia y Michael Douglas. Aún con todo, Takakura pasó algo desapercibido como un policía que intentaba ayudar a dos agentes de Nueva York en la lucha contra el crimen organizado en Osaka.

takakura_ken_anata_eEn 1999 gana todos los premios habidos y por haber por su participación en Poppoya, de Yasuo Furuhata (cineasta especializado en dramas que fuera de su país nunca ha conseguido tener el beneplácito de la crítica y el espectador, más porque sus filmes no han sabido encontrar ningún canal de distribución que no por los indiscutibles rasgos cualitativos que ofrecen sus ficciones cinematográficas). Su emotiva actuación de un veterano jefe de una estación ferroviaria obsoleta, que lucha por mantener su puesto en una línea deficitaria, emocionó a millones de japoneses. Emotiva también resulto ser La búsqueda (2005): una historia de paternidad y amor al prójimo que sorprendió a todo el mundo dado el momento en el que fue afrontada por el director chino Zhang Yimou (en ese entonces su carrera estaba encumbrada por el cine épico y el wuxia pian); una película ciertamente pequeña pero con un mensaje magnánimo, igual que la interpretación de Takakura, que encarnaba a un padre que intentaba restablecer la maltrecha relación con su hijo después de enterarse de que éste está afrontando una delicada enfermedad.

La Busqueda (2005)A menudo se lo ha encumbrado erróneamente como el Clint Eastwood japonés, un apodo (con el que también se bautizó a “Beat” Takeshi cuando sus primeras películas llegaron a Occidente) que no procede con su evolutiva carrera profesional (centrada únicamente en la interpretación). Sea como sea, en su país era y seguirá siendo un actor respetado por los siglos de los siglos. Despidámoslo con un vaso de sake en nuestras manos al grito de… “Last Hurrah for Chivalry!”

Por Eduard Terrades Vicens

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