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La vida de los demás: La valentía de la resistencia

25/06/2021

Hoy viernes 25 de junio, llega a España La vida de los demás, una de las películas más valientes y comprometidas de los últimos años. La película se alzó con el Oso de Oro en el Festival de Berlín del año pasado, un premio que su director Mohammad Rasoulof no pudo recoger, ya que se encuentra con el pasaporte retirado y esperando su ingreso en prisión por dos procesos abiertos de 2010 y 2017 en los que se le acusa de criticar al gobierno de Irán en sus obras. La película tuvo que ser rodada en total clandestinidad y supone un osado acto de resistencia contra un régimen represivo. 

Poco después de su regreso a Irán en 2017 (estaba citado a declarar), al director le ocurrió algo que serviría como la chispa que dio origen a la película. Un día corriente, en el banco, se encontró a un hombre al que enseguida reconoció: era uno de los agentes que le había estado interrogando en su retorno al país. El director decidió seguirle, y se dio cuenta de que la persona que él identificaba como un monstruo era en realidad algo mucho más aterrador: una persona totalmente ordinaria cuyo día a día era exactamente igual al de cualquier otro funcionario. Esto inevitablemente le remitió a la idea de la “banalidad del mal” de Hannah Arendt en Eichmann en Jerusalén y decidió hacer su propia reflexión en torno al tema. Todo este tiempo había estado temiendo a una persona normal, creyendo que era la personificación del mal cuando en realidad ese “monstruo” nunca se había parado a pensar en lo que era el bien y el mal. 

La vida de los demás está compuesta por cuatro historias que reflexionan sobre esta “banalidad del mal”, articulándose alrededor de un tema central en el contexto iraní: la pena de muerte, una sentencia que en Irán se aplica a delitos que van desde el asesinato o el narcotráfico, a la disidencia política. Pero el delito y la víctima no son lo realmente importante, ya que la película toma el punto de vista del ejecutor; tanto el que se resigna a formar parte de un sistema que ha normalizado la ejecución, como el que se arrepiente al descubrir las consecuencias de sus actos, como el que resiste y se niega a ser partícipe del sistema opresor. 

En la primera de las cuatro historias, Mohammad Rasoulof recupera la anécdota del banco, siguiendo a una familia aparentemente normal en su día a día, recreándose en sus actos cotidianos y sus conversaciones triviales. Aunque quizás sea la historia más sencilla, tanto en términos de dirección como de narrativa, nos deja una marca indeleble: la pena de muerte se ha “banalizado” en Irán hasta el punto de que ha devenido un simple acto mecánico de apretar un botón.  

Historias que se entrelazan 

No podemos hablar de La vida de los demás como una película de historias entrecruzadas, pero sí de historias que se entrelazan, que se retroalimentan y añaden capas de significación constantemente. Parece como si cada parte surgiera como resultado de los puntos de fuga y los callejones que se originaban de las reflexiones en las anteriores, por lo que no se produce nunca una sensación de desconexión entre ellas. En este sentido, la banda sonora de Amir Molokpoor (habitual colaborador de Rasoulof, al igual que el resto del equipo técnico) destaca como hilo invisible que conecta las diferentes historias, haciéndolo de una forma especialmente notable en la segunda y la cuarta, las dos historias más personales para el director iraní. La última de ellas supone el debut de Baran Rasoulof como actriz, siendo una historia que sirve como un espejo de la complicada relación entre el director y su hija. 

La valentía del director al elegir la pena de muerte como punto central es admirable, ya que se trata de uno de los temas más delicados para el gobierno iraní. Mohammad Rasoulof era perfectamente consciente de las consecuencias y aun así decidió sacar este proyecto adelante, cansado de la situación y comprometido a realizar un auténtico acto de resistencia.  

En cierto sentido, La vida de los demás es el Un toque de violencia (2011) del director iraní, una película episódica y valiente que trata de reflejar un problema sistemático en dos países con un gobierno autoritario, pero las consecuencias que puede afrontar Rasoulof son incluso mayores a las que sufrió Jia Zhangke, cuya película no pudo pasar la censura pero el director ha podido seguir trabajando. 

En definitiva, La vida de los demás es una película absolutamente imprescindible. Más allá de su osadía, supone la consagración de Mohammad Rasoulof como uno de los grandes directores iraníes de la actualidad, lo que no es fácil hablando de una de las cinematografías más apasionantes a la par que desconocidas de las últimas décadas. Una auténtica demostración de maestría detrás de las cámaras que no va a dejar indiferente a ningún espectador. 

Por Josep Santcristòfol 

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