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Las Óperas primas 3ª parte. China y Hong Kong: de la Revolución Cultural al humor cantonés.

15/03/2012

En 1988 una modesta producción china titulada Sorgo Rojo, ópera prima del director chino Zhang Yimou, se alzaba con el Oso de Oro del Festival de Berlín. Ése fue el inicio de todo, del descubrimiento de una cinematografía a la que no habíamos tenido acceso a causa de la cerrazón ideológica de un gobierno opresor y caprichoso, que había supeditado todas las manifestaciones artísticas e intelectuales de su pueblo a sus intereses partidistas, y del nacimiento de una nueva ola de directores (que recibieron el denominativo de “La Quinta Generación de Pekín”)  que, educados en el sistema represivo dela Revolución Cultural, se encontraban dispuestos a embarcarse en la configuración de un nuevo panorama artístico que desafiara las convenciones, tanto en el plano político (enfrentándose en muchas ocasiones a la censura a través de historias con un alto contenido metafórico), como en el estrictamente creativo, mediante la modernización de un sistema fílmico nacional que todavía hundía sus raíces en el pretérito.

Si algo ha caracterizado la trayectoria de Zhang Yimou es su capacidad para mutar y adaptarse sin aparente dificultad a cualquier tipo de estilo. En muchas ocasiones el director ha manifestado expresamente la necesidad de reformularse a sí mismo, de ensayar nuevos géneros y trabajar con diferentes registros. Por eso, no es difícil encontrar películas en las que el director radicaliza su discurso junto a otras muestras en las que se deja llevar por patrones mucho más convencionales. De la misma manera que Zhang Yimou, se convierte en uno de los estandartes de la Quinta Generación, el nuevo cine chino que se abría paso en occidente sin dificultad a partir de los años ochenta, gracias a la aceptación inmediata por parte de la crítica especializada y a su consideración en el seno de los más grandes festivales internacionales, el director es capaz de coquetear con el cine de masas, y ofrecernos su particular contribución al resurgimiento del wuxia pian en el 2004 con La Casa de las Dagas Voladoras.

Entrevistamos al realizador hongkonés Wong Kar-wai en el año 2005 con motivo de la salida en DVD de su película 2046, y a la pregunta de si era preciso seguir hablando de un cine estrictamente chino y otro estrictamente hongkongés, o si las fronteras tendían a diluirse. Esta fue su respuesta: “Creo que después de 1949, cuando en China se impuso el comunismo, Hong Kong se diferenció claramente, como colonia británica que era, y se convirtió en el centro neurálgico del entretenimiento a ojos de los chinos. Porque en Hong Kong el objetivo es crear beneficios, hay una industria organizada, mientras que en China el objetivo era hacer propaganda. El cine no está supeditado al beneficio, sino a una ideología, y creo que después de 1997, con Hong Kong como parte de China, China intenta abrir mercados, quieren que el cine siga sirviendo al país, pero también quieren un mercado cinematográfico sólido pensando en las audiencias porque saben que las películas de Hollywood estan ahí y hay que hacerlas frente. Por eso necesitan a los directores de Hong Kong para generar entretenimiento y venderlo, para hacer películas orientadas al mercado, y a la vez Hong Kong necesita el mercado chino para subsistir. Sencillamente trabajar juntos se ha convertido en una urgencia y es preciso  para ambas partes promover una actividad conjunta”. Wong Kar-wai había iniciado su carrera como director a finales de los ochenta con As Tears Go By (1988): donde ya intuíamos los leit motiv de su obra.

Practicante de Wing Chun y ferviente admirador de Bruce Lee, Stephen Chow, conocido como el rey de la comedia de Hong Kong, siente la llamada del espectáculo al ver que el canal de televisión TVB está realizando cástigns para sus cursos de interpretación, interminable cantera del mundo de la televisión, cine y música de la ex-colonia. Su ilusión no tarda en verse frustrada cuando no logra pasar las necesarias pruebas de acceso. Afortunadamente, su amigo Waise Lee (Una Bala en la Cabeza) logra que, al menos, le admitan en las clases nocturnas de la academia. Su marca de fábrica es una mezcla de parodias multireferenciales, comedia física y gesticulación y juegos de palabras absolutamente intraducibles. Un humor muy cercano al del anime más trasgresor que explota en la pantalla con todos los recursos sensoriales al alcance del actor. Después de enfrentarse a un gran número de personajes, tanto en series de televisión como en films, dirige en 1994 su primera película como director: Love on Delivery, el conglomerado de situaciones que un hombre es capaz de afrontar cuando está enamorado y pretende conseguir el corazón de su amada.

Fuente: Extracto reportajes Revistas CineAsia (Vol.5, 6 y 16)

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