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Pan Nalin: El nómada del cine indio 

16/03/2022

El cine indio es uno de los grandes desconocidos para público español. Así como Japón ha gozado desde los años cincuenta de nombres tan conocidos como el de Akira Kurosawa o Ozu, o China ha mostrado sus diferentes caras a partir de la Quinta y la Sexta Generación, o de la misma forma que Corea del Sur ha visto cómo los nombres de Bong Joon-ho o Park Chan-wook han dado brillantez a sus producciones, India, a pesar de ser uno de los mayores productores cinematográficos del mundo, siempre ha contado con una difícil distribución en nuestro país.  

El cine indio ha entrado a cuentagotas en nuestra cartelera. Y casi siempre, cuando lo ha hecho, ha sido a partir de realizadores que han salido de su país, y desde fuera nos han ofrecido una mirada de lo que es la sociedad y la cultura india. Nos referimos a los “Indian Non Residents”. Así como Mira Nair o Deepa Mehta forman parte de este elenco de directores, y películas como Agua o La boda del Monzón se han paseado por nuestras salas de cine, a ellas hay que unir el nombre de Pan Nalin, el nómada autodidacta del cine indio, presente en nuestro imaginario fílmico desde el año 2001. 

La aventura vital y cinematográfica de Pan Nalin 

La vida de Pan Nalin es similar a la de uno de los protagonistas de una película de Bollywood. De hecho, es una historia tan apasionante, que él mismo la ha trasladado a la gran pantalla en su nuevo trabajo, La última película (Last Film Show), premiada con la Espiga de Oro en el pasado Festival de Valladolid – Seminci. Hijo de una familia que regenta un puesto de té en la estación de Khijadiya (una pequeña ciudad en el estado de Gujarat), el pequeño deja pronto claras sus intenciones: no es amante de la escuela y de lo que ésta le propone. Sin embargo, es un apasionado del dibujo y de representar cuentos populares y mitológicos.

Con estas inquietudes no es difícil adivinar que el joven Nalin desde que ve su primera película, con nueve años, sueña con marcharse a recorrer mundo. Tras estudiar Arte en la Universidad de Baroda, nuestro protagonista viaja a Mumbai, el centro neurálgico del cine indio, donde trabaja en diferentes producciones como ayudante de producción a la espera de una oportunidad que no llega. Eso sí, el contacto con el cine es innegable y eso le plantea la primera gran máxima de su vida: el cine se estudia en la propia calle, además de en la escuela. Este carácter autodidacta va a marcar sus producciones, más fruto de la propia experiencia vivida en sus viajes, que en las tradicionales clases de una escuela de cine. 

A partir de ese momento, Pan Nalin va a vivir a caballo entre Oriente y Occidente. Descubre Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, recorre Europa donde va absorbiendo las diferentes culturas que ve a su paso. Comienza a trabajar realizando numerosos documentales para cadenas como BBC, Discovery Channel o National Geographic, y llega a convertirse en productor. Pero, creativamente, no era feliz. De regreso a su país, el director recorre la cordillera del Himalaya. Se estaba gestando su primera producción, Samsara (2001).

Entre el documental y la ficción 

Parábola sobre el deseo o la fragilidad de las pasiones, Samsara narra la vida de Thasi, un joven monje budista que después de tres años, tres meses y tres días de reclusión voluntaria en una ermita perdida en la región del Ladakh, en el Himalaya, regresa al monasterio donde ha vivido desde los cinco años. El joven va recuperando poco a poco sus fuerzas vitales. Pero el regreso trae resultados inesperados. Fuera de los rigores de una vida entregada al desarrollo espiritual, Thasi empieza a experimentar el despertar a la vida sexual al enamorarse de una mujer. Samsara, el debut en la dirección de Pan Nalin, supone a su vez, su entrada en el mercado internacional. La película logra la Mención del Jurado en el American Film Institute Festival, y actúa de catalizador de su carrera al ser adquirida por Miramax/Disney para su distribución en Estados Unidos. La película gozaría de distribución en España, siendo estrenada en nuestra cartelera dos años más tarde, en 2003.  

Aunque su segunda película Ayurveda: El arte de vivir, tiene como fecha de producción el 2001, fue en 2005 cuando llega a nuestras pantallas. Más de tres largos años tardó Nalin en preparar este documental y en descubrir lo mágico y científico que es, a la vez, el arte del Ayurveda: la ciencia del rejuvenecimiento y la restauración de la salud que estudia a la vez, cuerpo, mente y emociones para obtener un diagnóstico de enfermedad. Según el director, “la espiritualidad y el equilibrio natural desempeñarán un papel vital en el gobierno de nuestra felicidad en un futuro inmediato. Ninguna película puede hacer justicia a la ciencia Ayurveda”.

Cinco equipos de rodaje en tres países diferentes; cientos de pacientes participaron en la película, 17 de ellos aportando detallados informes médicos; 30 doctores y expertos colaboran en la producción del film; el documental recorre casi 15.000 kilómetros por distintos paisajes de belleza excepcional y geográficamente dispersos (India, Grecia, Estados Unidos). Resultado: uno de los documentales más vistos de la historia del cine. 

De pasiones y diosas

Tras el paréntesis de sus dos siguientes trabajos, la monumental historia épica de Valley of Flowers (2006), la historia de amor más grande de Asia, una historia inolvidable sobre la pasión, la muerte y la reencarnación. Una ruta épica a través del Himalaya que abarca dos siglos, desde la Ruta de la Seda al Tokio de hoy en día, vendida a más de 35 países para su distribución, y el documental Faith Connections (2013), presente en la sección oficial del Festival de Cine de Toronto y en Los Ángeles donde se llevó el premio del público.

Pan Nalin regresaba de nuevo a la cartelera española con 7 Diosas, sin duda su cinta más social hasta la fecha: la historia de siete mujeres en la India actual. Como el mismo director nos confirmaba: “Durante años quise hacer una película con mujeres como protagonistas porque, sorprendentemente el 96% de los papeles femeninos en el cine de la India tienen a la mujer como un accesorio u objeto decorativo sensual, o interpretando a una madre o hermana cuyo honor debe ser protegido por un hombre. Este héroe masculino suele tener un arma y siempre va acompañado de una mujer, pero sin darle el mayor protagonismo. Los papeles femeninos están rodeados de glamur y siempre van acompañados de un baile o una canción. Por supuesto, el glamur no dignifica a la mujer y la película sigue estando en manos del hombre”. 

Viaje a las raíces

El viajero empedernido volvería al Himalaya a través de una producción neozelandesa, Beyond the Known World, en la que una pareja divorciada viaja hasta la India, después de que su hija de 19 años desaparezca. El viaje a través del país, donde no encontrarán demasiada ayuda por parte de la policía, ni de la comunidad extranjera residente, se convertirá además en un viaje introspectivo, tanto como pareja rota, y como seres humanos. Nalin realizaba aquí un film a medio camino entre el perfil humano e identitario, y el retrato exótico del país. Añadía su sensibilidad artística, y esa mirada capaz de captar la realidad a pie de calle, sin perder la perspectiva de la grandiosidad del escenario. En esta ocasión el director trabajaba con guion ajeno, firmado por la también neozenlandesa Dianne Taylor, y contaba en el reparto con la presencia de David Wenham (El señor de los anillos, 300) y la francesa Emmanuelle Beart (La bella mentirosa). 

En su nuevo trabajo, Pan Nalin convierte la realidad en ficción. De hecho, su propia realidad, su infancia. Su descubrimiento del cine. En La última película volvemos a esa estación de tren de su Gujarat natal, con un niño de 9 años que ayuda a su padre. Nos transporta a ese largo viaje familiar en tren, cerca de hora y media en cada trayecto, para acudir a una sala de cine por primera vez para el pequeño, que no se llama Pandya, sino Samay. A la experiencia reveladora de la gran pantalla, de la luz. De la curiosidad por el celuloide y por el proceso en el que la luz se transforma en imagen, en historias.

Producida justo antes de la pandemia, Nalin recupera sus recuerdos, cinematográficos y familiares (un ejemplo, las detalladas escenas de cocina llevan a la práctica las recetas de su madre), y los transforma en una carta de amor al cine y a los cineastas, y al proceso de proyección, con numerosos homenajes a sus héroes cinematográficos escondidos en sus fotogramas. Tras su premier en el Festival de Tribeca de Nueva York, donde se convirtió en una de las favoritas del público, el film recibió la Espiga de Oro en la Seminci – Festival de Valladolid.    

Cineasta, explorador, documentalista, guionista, dibujante, inquieto… Pan Nalin es una de las caras más internacionales del cine indio, a pesar de que haya fijado su residencia en Francia. Ha recorrido gran parte del planeta, intentando que su cine, social, íntimo, descubra una cultura tan multiétnica como la india.  

Un texto de Enrique Garcelán y Víctor Muñoz 

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