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Un viaje de cine por Asia… Segunda parada: Corea

01/07/2020

Seguimos con la segunda parada en el reportaje en serie en el que unimos viajes y cine asiático, enlazado con el curso Un travelling por el cine asiático que comenzaremos el lunes 6 de junio. A lo largo de esta semana viajamos a través de los distintos países del cine asiático utilizando el cine como medio de transporte, y esta vez nos trasladamos desde el inicio del viaje en Japón hasta su país vecino, con una cinematografía en alza desde el cambio de milenio: Corea.

COREA DEL SUR – ENTRE EL SOJU ANDA EL JUEGO

El soju, una bebida destilada a base de arroz que ameniza las grandes charlas que mantienen los personajes en la mayoría de producciones de Hong Sangsoo (por ejemplo, por poner uno, los encuentros alcoholizados y nocturnos en Ahora sí, antes no). Ya en el avión que nos lleve de Japón a Corea del Sur podemos degustar un traguito de este licor dulcificado (ya que finalizamos nuestro recorrido por tierras japonesas por la región de Kansai -Osaka / Kioto-, que mejor que tomar un avión desde su aeropuerto principal que, por latitud, queda más cercano a la península coreana). 

En los últimos tiempos, el K-pop y los dramas televisivos han acaparado el interés por los fans de  la cultura surcoreana, mientras su producción cinematográfica ha sido relanzada y apreciada a nivel internacional gracias a Parásitos (Bong Joon-ho, 2019), tan crítica con el modelo de estratificación social del país. Con todo, uno de los grandes hits de los últimos tiempos que hemos podido ver en Netflix ha sido el serial de impecable factura técnica Kingdom (ya con dos temporadas) que narra una invasión zombi en un reino durante un período concreto de la longeva Dinastía Joseon. El viaje que debe hacer el príncipe heredero Yi-Chang (Ju Ji-hoon) mientras investiga la misteriosa plaga para salvar la nación lo llevará por sitios y paisajes impresionantes, lo que hace que valga la pena visitar los lugares de filmación de la serie, ya desde la propia Seúl, por ejemplo: el palacio de Changdeokgung (ubicado en el distrito de Jongno -barrio de Jongno-gu, declarado Patrimonio Cultural Mundial de la UNESCO), que jugó un papel crucial en la historia del país como residencia de la realeza; el Palacio Gyeonghuigung (la residencia del rey en casos de emergencia, y en el pasado el salón se usaba como sede de eventos importantes, también en Jongno-gu); o el Korean Folk Village, una aldea popular con las típicas viviendas de la Dinastía y que en la serie es utilizada como oficina gubernamental cuando los cadáveres apiñados empiezan a “despertar” (ésta última se encuentra cerca de Seúl, sita en la cordillera de la ciudad de Yongin, en la misma provincia de Gyeonggi). Obviamente, hay centenares de K-Dramas con miles de localizaciones, pero tal vez por motivos de patrimonio histórico, Kingdom la hace atractiva y especial.

Kim Ki-duk fue de los primeros nombres en seducir a crítica y público al inicio del nuevo milenio con sus polémicas producciones de indescriptible percepción genérica -entre el drama social, el thriller e incluso el terror por la representación gráfica en algunas de sus películas-. Una producción que más o menos puede ser vista por todos los espectadores porque rechaza ofender (a pesar de alguna secuencia polémica con animales) es la budista Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera (2003). Narra la historia de un monje budista y su aprendiz en un monasterio flotante en un lago; cada estación representa el avance en las enseñanzas de este discípulo malcriado. La choza, que es el escenario principal, fue construida artificialmente para flotar sobre el estanque Jusanji (en Cheongsong, provincia de Gyeongsang, al nordeste). Creado hace unos 200 años, el estanque de Jusanji es un lago artificial envuelto de montañas circundantes que se reflejan en sus aguas y tiene un aura mística que lo hace ideal para recluirse, como el monje que vemos en la película (ojo, porque Kim estuvo negociando con el Ministerio de Medio Ambiente durante seis meses para poder rodar en este paraje centenario).

Cualquier persona remotamente interesada en el cine surcoreano adora los thrillers y estos cuentan con un sinfín de localizaciones: un director que los potenció mucho inicialmente fue Park Chan-wook, con su “trilogía de venganza”. Su pieza central, Oldboy (2003), visualizó la Seúl contemporánea, aunque podría haber sido cualquier otra ciudad y, de hecho, una parte del rodaje se desplazó a la sureña Busan, famosa por su combinación paisajista de playas y montañas. El realizador también utilizó la ciudad como escape para la protagonista de Sympathy for Lady Vengeance (2005), cuya trama cerraba dicha trilogía en una nevada Busan.

Busan ya de por sí da nombre a una famosa película de igual temática zombi que Kingdom, pero ubicada en la actualidad: Train to Busan (2016), de Yeon Sang-ho, podemos sentirnos sus protagonistas y hacer un recorrido cinematográfico desde la propia estación de Seúl (curiosamente, nombre que le dio el mismo director a la cinta animada que se anticipaba a esa invasión, Seoul Station, de 2016). Si conseguimos sobrevivir al apocalipsis zombi, puede que nos apetezca relajarnos en alguno de los resorts del distrito de Haeundae y sus kilométricas playas, siempre que no nos engulla un tsunami como el del blockbuster de homónimo nombre que esta zona turística y que Yoon Je-kyun rodó en 2009 (sirvió para hinchar la taquilla y que millones de curiosos desearan pasar sus vacaciones allí al año siguiente).

Por suerte hay más thrillers que los de Park Chan-wook. Un director como el ahora célebre Bong Joon-ho peinó toda la provincia de Gyeonggi para recrear el mayor misterio criminal que asoló Corea durante los años 80 en Memories of Murder (2003). Del mismo realizador la espeluznante Mother (2009), que entre el drama y el thriller narra la lucha de una madre por demostrar la inocencia de su hijo después de que se le acuse del asesinato de una joven, fue rodada en la escarpada y sureña provincia de Jeolla (al este de Busan, en la región de Honam), famosa por su archipiélago formado por mas de 2.000 islitas y su clima templado.

Regresando a Seúl, después de nuestra excursión por el sur de la península, hay un emplazamiento muy curioso que ha sido aprovechado como plató natural en muchas películas: el Hoehyeon Citizen Apartment (Second Model Apartment), un enorme complejo de apartamentos ubicados en el barrio de Hoeyeon (distrito de Jung) que se construyeron en 1970 como parte de un programa del gobierno para “reubicar” a los residentes de barriadas ilegales que crecieron después de la Guerra de Corea (1950-53). En ella se han ubicado secuencias de producciones tan famosas como Crying Fist (Ryoo Seung-wan, 2005) o The Chaser (Na Hong-jin, 2008).

Y no podíamos marcharnos de Corea sin visitar la zona la Zona desmilitarizada de Corea (o ZDC). Establecida en 1953, abarca 4 km de ancho por 238 km de longitud, y es la zona neutral que separa ambas Coreas. Un lugar aprovechado por Park Chan-wook para su JSA – Joint Security Area (2000), thriller político que fue prácticamente su carta de presentación para el público internacional antes de su aclamada OldBoy

Y de Corea nos trasladaremos a China… pero eso será mañana…

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